Son las ocho de una helada mañana madrileña y me dirijo a un seminario de búsqueda de socios europeos para programas de emprendimiento e inclusión laboral de mujeres desfavorecidas. Voy a presentar nuestras líneas de intervención, las de mi entidad y las de las 14 restantes entidades con las que nos hemos asociado hace un año. Y lo voy a hacer en inglés, idioma que no domino. Me corroe el miedo escénico y las dudas sobre mis capacidades y sobre si estaré a la altura de la misión que me han encomendado. Miro alrededor, en el vagón de metro, y nadie parece que me vaya a socorrer. “I need a heroooo…”, dice la canción y digo yo (soy una víctima).
De repente, una imagen cruza mi mente: Úrsula Andress, saliendo del mar, con su puñal al cinto del bikini, escena de la película Dr. No. ¿Cómo ha llegado? ¿Qué hace en mí? Ya me acuerdo. La he traído yo; yo la he dejado entrar. Y fue en el ejercicio de visión y mandala de la semana pasada. Elegí esa poderosa imagen de esa poderosa mujer para mi cuarto cuadrante, el de la energía, el de lo que me pone. La razón de la elección es larga de explicar y no viene al caso. Pero el caso es que aparece automáticamente, cuan anclaje, cuando justo necesito esto: energía.
Y me doy cuenta que, desde hace una semana, varias imágenes han estado cruzando mi mente, sin invocarlas: Úrsula trae un puente que trae un árbol que trae unas piezas de puzzle que traen unos nubarrones negros en una cabeza. En ese momento recuerdo –sí, sólo entonces– la conversación que tuve con mi coach después del ejercicio de mandala. Conversación que acabó con el compromiso de trabajar mi autoestima en los momentos de inseguridad, en los momentos en los que salgo de mi zona de confort y desfallezco de pánico.
Y ahora es el momento: estoy en el metro, “I need a hero”, y aquí está Úrsula, o sea, yo y mi energía. Llegaré al seminario y lo haré bien, que es como normalmente hago las cosas. No sé cuáles serán los resultados de mi intervención (cuántos socios conseguiré, si es que consigo alguno); lo que sí sé es cómo será el proceso: iré segura de mis capacidades y, pecando un poco de chulita (lo que, en vocabulario de coaching vendría a ser, retándome un poco más), incluso disfrutaré hablando en público en inglés.
Este relato sobre mi experiencia quiere ilustrar lo importante y potente que ha sido para mí esta herramienta ya que combina muchos elementos. En primer lugar, porque se trata de un momento íntimo y creativo que nos podemos regalar. Durante el ejercicio de collage se produjo un diálogo entre mi cerebro racional (el que buscaba las respuestas a las preguntas que se planteaban en cada cuadrante) y mi cerebro límbico (el que dejaba que las imágenes que iban apareciendo según pasaba las páginas de las revistas le asaltasen, le escogieran). En los primeros minutos sentí cierta angustia sobre si haría “bien” el ejercicio: era mi cerebro racional que quería llevar la voz cantante. En cuanto se calmó y empezó a bailar con las emociones, con el cerebro límbico, todo cambió. Llegó el momento de paz y placer.
Este ejercicio podría quedarse aquí, en una experiencia íntima y creativa, de baile entre lo racional y lo emocional, y ya merecería la pena. Sin embargo, el segundo momento potente del ejercicio, en mi opinión, es la posterior sesión con la coach. Es el momento de la verbalización. Salen de tus cerebros (les habíamos dejado bailando) las palabras, esto es, se materializa el compromisopara la acción (soy responsable).
En conclusión, desde mi punto de vista es una herramienta muy potente y muy completa para un proceso de coaching. No sólo sirve para la fase de objetivos y de abrir opciones (invocados en el primer cuadrante); también se trabaja en el segundo cuadrante el plan de acción y el aprendizaje de primer nivel (describiendo nuevos comportamientos y nuevas acciones que hemos llevado a cabo para conseguir nuestros objetivos del primer cuadrante). Pero, además, tanto el tercero como el cuarto cuadrante ayudan a iniciar el aprendizaje de tercer nivel, el transformacional, al identificar las creencias limitadoras (lastres) y potenciadoras (energía) y ayudando a la gestión de las emociones productivas.

Reflexión sobre la jornada de mandala y visión que realizamos durante el Curso Superior de Coaching Ejecutivo Profesional, escrita por Mónica Buckley, Coach CORAOPS y Coordinadora de programas de igualdad, empoderamiento y prevención de violencia de género del Ayuntamiento de Madrid.

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